Repaso en casa

El Betis realizó el mejor partido desde que Quique Setién llegó al banquillo del Villamarín y quizás uno de los mejores de su centenaria historia. El repaso al Barcelona fue más grande de lo que puede decir el voluminoso marcador de 3-4 favorable para los verdiblancos. La primera parte el Barcelona no supo por dónde le venían los ataques de los andaluces que se marcharon a la caseta 0-2 pero bien pudieron ser 3 o 4. Ni siquiera la reaparición de Messi pudo contener el vendaval, donde los que más destacaron fueron los dos carrileros que dispuso el técnico cántabro, Junior y Tello, que dieron una profundidad y atacaron el espacio a la perfección para sacar los colores a la defensa blaugrana.

Aun así el Barcelona se acercó al marcador hasta en tres ocasiones, pero era todo un espejismo, ya que en cuanto se ponían a un gol de su rival, el Betis volvía a golpear con más fuerza. Parecía que con apretar un poco y acelerar el ritmo del partido le bastaba para anotar el gol de la tranquilidad ante un Barcelona que sólo apretó desde la entrada de Vidal más con la garra que con fútbol. Y todo con un Dembélé castigado en la grada, que le hubiera venido a las mil maravillas al equipo para abrir el campo y evitar que el Betis se cerrase tanto en torno a Messi anulando así casi todos los ataques del Barcelona.

Setién sale reforzado tras unas semanas de resultados irregulares, con victorias importantes en la Europa League, pero con unos resultados no tan favorables en Liga que le hacían estar en una posición de la tabla que no se adecúa ni con su calidad ni con su fútbol. Ya el año pasado también dio la campanada ganando en el Santiago Bernabéu, y este año lo ha hecho con todas las de la ley en el Camp Nou, los campos más difíciles de Europa sin duda alguna. Y lo hizo jugando mejor que su rival y con las virtudes que tanto gustan al aficionado culé. Salida de balón desde el portero sin pelotazo y construcción de la jugada hasta llega al área del rival con toques rápidos y directos.

Golpe de realidad

El Manhester United, el club más rico del mundo, el gran dominador del fútbol inglés las últimas dos décadas, se ve superado por todos los rivales a los que otrora dominaba con mano de hierro. Especialmente dolorosa es su relación con el vecino Manchester City. Los sky blues han sido siempre un rival menor para los red devils, incluso con la compra del equipo por parte del jeque, el United seguía imponiéndose con asiduidad y continuaba conquistando Premier Leagues. Pero tras la marcha de Alex Ferguson del banquillo de Old Trafford todo cambió para el equipo, ni Moyes ni Van Gaal ni mucho menos Mourinho, que además va a dejar consecuencias nefastas la estancia del luso en el banquillo, han sabido reconducir a la senda de la victoria al equipo más rico del mundo.

El derbi de esta tarde dejó muy clara la superioridad del City, que con un partido nada extraordinario se llevó de calle un partido en el que los visitantes sólo tiraron a puerta merced a un penalti absurdo de Ederson sobre Lukaku que transformó Martial. El resto del tiempo fue una tortura para el United donde se evidenció que no juegan a absolutamente nada, se dedican a dejar que el tiempo transcurra y cuando el rival se adelanta en el marcador no varían su primitivo plan lo más mínimo. Y por si esto fuera poco, ayer Pogba estaba en la grada y desde el club lo intentaron maquillar como unas molestias, pero estaba claro que es otra nueva disputa entre el jugador francés y Mourinho, tónica habitual durante toda la temporada.

Ahora mismo está ocho puntos de los puestos de Champions League, ya descartado para el título y con serias dudas de pelear por la cuarta plaza, mientras que en la Champions su inesperada e inverosímil victoria ante la Juventus hizo que tengan todas las oportunidades intactas para pasar de ronda, ganando al Young Boys en Old Trafford serán equipo de octavos del torneo continental. Pero por otro lado ya fueron eliminados por un conjunto de tercera de la Copa de la Liga por lo que las sensaciones que se desprenden de esta temporada son muy malas.

Payasada injustificada

Nadie que hubiera visto el partido completo de anoche en el Allianz Stadium podría explicar cómo el Manchester United de Mourinho se llevó la victoria sobre la Juventus en el partido de Champions. El equipo inglés fue vapuleado futbolísticamente por la Juventus, que estrelló dos balones a la madera, y que se puso incluso por delante en el marcador. Tuvo el equipo italiano todo el partido controlado, el United no inquietó en ningún momento la portería de Scézcny, y parecía que el pleno de victorias en esta fase de grupos para los de Allegri era segura cuando Cristiano conectó esa bolea espectacular en la red de De Gea, que ya oficialmente va a tener pesadillas con el portugués tras el hat trick que recibió en el Mundial por parte del luso.

El United realizó un partido pésimo, es un equipo sin idea, plano, casi primitivo que no tiene la más mínima creatividad para enlazar tres pases consecutivos, sólo fía todo su fútbol a pelotazos y luchar los rechaces de los mismos, algo que es ridículo teniendo el cuenta el nivel de la plantilla y el desembolso realizado en esta plantilla. Mourinho además vuelve a salvar otro match ball para su despido gracias a este incomprensible resultado, en el que además se dio el lujo de desafiar a la incrédula afición rival poniéndose la mano en el oído en un gesto chulesco y totalmente innecesario para un partido en el que no hubo bronca en ningún momento tanto en la ida como en la vuelta.

Pero el portugués siempre tiene que poner su guinda incluso cuando pese a su estilo y su fútbol soporífero el resultado milagrosamente le sonríe, e incluso la clasificación para los octavos parece más factible que nunca para los diablos rojos, que con la derrota en su estadio se habían complicado sobremanera, pero que salen muy reforzados de este inmerecido resultado. Es cómico ver como un entrenador es víctima de sí mismo y de su ego, y lo de Mourinho es algo nunca visto, el personaje ha devorado al propio entrenador que está en un estado permanente de nerviosismo y provocación que hace que todo su equipo esté en su contra. Una situación absolutamente surrealista.

Duelo fraticida

El Liverpool se complicó anoche sobremanera en el pequeño Maracaná de Belgrado la clasificación para los octavos de la Champions League de este año cuando defiende su condición de subcampeón del año pasado. Salió dormido y cuando se quiso dar cuenta perdía 2-0 y tenía en frente un rival que no concedió una sola ocasión clara a los red en todo el partido. Sturridge en lugar de Firmino y la entrada en el once de Lallana, deplazando a Wijnaldum al medio centro dejando a Fabinho en el banco fueron lapidarios para los de Klopp que perdieron una oportunidad preciosa de dejar casi sellada la clasificación, pero que sin embargo ahora ven como tienen dos duelos a muerte por pasar a la siguiente fase ante PSG en París y ante el Nápoles en Anfield. El juego fue malo y el juego de Salah es cada vez menos participativo en el Liverpool, que ve como su estrella del año pasado está a un nivel demasiado bajo. Mané y Firmino desplazados a las bandas en la segunda aprte no fueron tan decisivos como acostumbran, auqnue la entrada del brasileño en el segundo tiempo hizo que el Liverpool dominara mucho más en tres cuarts de campo y favoreció con su juego entre líneas las incorporaciones constantes de Robertson.

El empate entre el Nápoles y el PSG deja el grupo con opciones para todos ya que tanto Nápoles como Liverpool están en cabeza con 6 puntos y el PSG y el Estrella Roja les siguen de cerca con cinco y cuatro puntos respectivamente. Uno de los tres favoritos quedará fuera y ahora mismo sería el PSG, lo que sería un duro batacazo para el proyecto de Neymar y Mbappé. La próxima jornada será clave ya que el Nápoles con una victoria estaría clasificado automáticamente si el PSG no gana al Liverpool, por lo que ese duelo en el Estadio de los Príncipes va a ser una final en toda regla, por los equipos que la disputan y por lo mucho que se juegan, ya que los problemas del fair play financiero se agravarían sobremanera para el PSG sin los ingresos de clasificarse para octavos. El jeque, que anda mosca tras las filtraciones de la web footbal leaks en las que se aseguraba que la UEFA habría tapado sus dopajes financieros, tendría serios problemas de retener a sus estrellas este verano si el proyecto vuelve a fracasar antes incluso de la decepción que supuso el año pasado y gracias, ya que hay que recordar que en el duelo ante los italianos Di María evitó el desastre al anotar el empate en el último minuto lo que podría haber dejado una situación incluso más complicada que la de ahora.

Poco margen

El Valencia vive uno de los momentos más enrarecidos de sus ya de por sí complicados últimos años. Salvando la campaña anterior donde todo salió redondo para los ches, con una campaña impecable con clasificación de nuevo para la Champions incluida tras varios años de ausencia, llegó un verano más que ilusionante con la ejecución de la compra de Kondogbia al Inter, el refuerzo de jugadores de nivel como Wass o Gameiro, la cesión de Batshuayi y el fichaje que más ilusión hizo a todo el valencianismo Gonzalo Guedes. Con todos estos alicientes se presentaba una temporada para soñar en el Turia y parecía que por fin la afición podía respirar tranquila.

Pero tras doce jornadas de liga y tres de Champions League hasta Marcelino comienza a estar discutido. Sólo una victoria en liga de doce partidos unido a ninguna en Champions provocan un malestar y un ambiente enrarecido en Mestalla que terminó de explotar en el último partido ante el Girona, donde el equipo lo intentó de todas las maneras pero acabó topándose con Bono, que realizó una actuación memorable que dejó la primera pitada de la temporada en el equipo y a la espera de recibir este miércoles al Young Boys suizo con muy pocas posibilidades de clasificarse tras el inesperado empate de hace unas semanas.

Es pronto para declarar el estado de crisis, más por los resultados que se dieron la temporada pasada que por lo visto en esta, pero tanto Marcelino como algunos jugadores de la plantilla merecen algo más de crédito pese a que ahora mismo va a costar mucho recuperar la distancia perdida para los puestos europeos, que son la principal fuente de ingresos del club y que sin ellos es probable que tengan que volver a vender a alguna de sus estrellas que además este año están perdiendo cotización debido al mal rumbo del equipo. Si hay alguien capaz de reconducir la situación ese es Marcelino, pero cada vez queda menos margen de maniobra.

Mucho a mejorar

Malas sensaciones se desprendían tras otro empate más del Atlético de Madrid en Butarque. Los chicos de Simeone volvieron a dejar ir los tres puntos tras adelantarse confirmándose así que la solidez defensiva que había sido seña de identidad de este equipo ya no lo es tanto. Si a esto sumamos que el equipo juega cada vez peor y que tiró los primeros 45 minutos de partido deja una lectura clara. Hay mucho que cambiar en este equipo que está muy lejos de su mejor nivel que quizás sólo se vio en algunos minutos de la Supercopa en la reanudación del partido del Dortmund donde tuvo los mejores 20 minutos de la temporada hasta el gol de Guerreiro.

Además, los propios jugadores son conscientes de la situación, y fue el propio Saúl el que al finalizar el encuentro dejó la clave del partido, y fue la falta de ambición tras el gol de Griezmann, en el que el equipo siempre renuncia a atacar tras ponerse por delante, algo que le ha salido muy caro tanto en Mestalla como en la Cerámica y el sábado en Butarque se repitió la historia. Lo grave es que el Leganés era el último clasificado de la liga y no disparó generó prácticamente peligro, y marcó el gol en una jugada a priori inofensiva a balón parado, otrora un aspecto inexpugnable del Atlético y que ahora e suna de sus grandes debilidades.

También las lesiones no están ayudando, pero con las nuevas llegadas que ilusionaron tanto a la afición no se está notando ninguna mejoría. Lemar lleva tiempo sin hacer grandes aportaciones, Rodri sigu pasando el peaje de los recién llegados de Simeone y pese a ser el jugador más en forma del equipo sigue siendo una de las sustituciones obligadas durante cada encuentro. Esto recién ha empezado y el Atlético está en buena posición en todas las competiciones, quizás las expectativas fueron desmesuradas o Simeone está dosificando el equipo para llegar como un tiro a la parte importante de la temporada, pero a día de hoy las sensaciones está claro que no son las mejores.

Momento Vitolo

Con todo el terremoto que supuso la vuelta de Diego Costa y su irrupción en el equipo pasó más inadvertido el flojo año que realizó Vitolo, un jugador deseo expreso de Simeone que todavía no ha sido capaz de entrar en los planes del técnico argentino debido a la poca continuidad que le han dado las lesiones. En su debut como titular en el Metropolitano ya anotó gol en la Copa, desatando la euforia entre los seguidores colchoneros pero el resto de su año fue en picado. Con lesiones que no le permitieron entrar en el equipo y asentarse, sólo destacó su actuación en el Bernabéu donde dio un recital sobre cómo jugar a la contra.

Pero este año, tras haberse perdido el Mundial con España, parecía que podía ser su momento, pero una inoportuna lesión de tobillo le hizo perderse parte de la pretemporada y le hizo quedarse fuera del once que ganaría la Supercopa en Tallin (aunque entraría en la segunda parte). Y el primer partido en Mestalla más de lo mismo, comenzó de suplente pero a los pocos minutos de comenzar una nueva lesión, esta vez en el sóleo le apartó de nuevo de los terrenos.

Así hasta este Martes donde volvió al equipo titular ante el San Andreu, y se vio a un Vitolo que no estuvo muy cómodo sobre el campo, intercambiando la banda con la media punta con un Gelson que se multiplicaba por todas las zonas de ataque y que le cerraba los espacios al canario. Aún así la asistencia del único gol del partido corrió a cargo del canario que empieza a ver la luz al final del túnel y que es muy consciente de que está ante el momento de reencontrarse con su mejor versión y ser un jugador por fin de máxima utilidad para Simeone, que sigue esperándole y cuidando a un jugador cuyas características son las ideales para su estilo de juego.