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Neymar y su egocentrismo

Ayer se volvió a vivir otro episodio en la surrealista vida de Neymar. El jugador, cuya vida extradeportiva es la más agitada que se haya visto de un futbolista, vivió otro momento de lo mas incómodo en el partido de Copa ante su afición. El niño que siempre se sale con la suya vio cómo toda su afición le silbaba y coreaba el nombre de su ‘archienemigo’y compañero Edison Cavani cuando el árbitro decretó penalti a favor del PSG con el partido ya más que decidido y con el brasileño ya con un hat trick y éste no dejó a su compañero batir el récord de máximo goleador de la historia del PSG.

Es una muestra más del polémico carácter del extremo brasileño, al que siempre le ha acompañado la polémica allá por donde ha ido, y que ha mermado su potencial futbolístico. Que Neymar es un fuera e serie no hay ninguna duda, pero todo ese circo que arrastra a su alrededor no es beneficioso ni para él ni para el club al que va, donde siempre suele tener problemas extradeportivos constantes (salvo en el Barcelona donde le consentían absolutamente todo previamente firmado por uno de los contratos más absurdos y surrealistas de la historia).

Así tras no ceder el penalti a Cavani para poder hacer historia con el club, la afición la tomó con él. Y a Neymar se le vio visiblemente enojado y se marchó a vestuarios sin esperar a celebrar la victoria con los demás sobre el verde. Esto puede provocar serias turbulencias en la frágil relación del brasileño con el PSG, con el que parece que es tan sólo un puente en su intento de acabar jugando en el Santiago Bernabéu para el Real Madrid. Un capricho más de este jugador al que se le consiente todo y que se ha convertido en un auténtico monstruo.

Fracaso Sevillista

Lo ocurrido ayer en el King Power Stadium es algo difícil de explicar. Un equipo como el Leicester eliminó al Sevilla que venía con un 2-1 favorable del encuentro de ida y que era muy superior al conjunto inglés. La noche desde el principio se vio que iba a ser dura, pocos espacios, presión muy alta de Vardy y Okazaki que no dejaban pensar a N´Zonzi e Iborra para sacar el balón con claridad, y un juego muy vertical cada vez que robaba el balón con un Vardy que incomodó mucho con su movilidad y rapidez a la zaga sevillista.
 
Si a todo esto añadimos que Nasri, el factor diferencial del Sevilla, estaba fuera del partido, entró poco en juego y se le vio desesperado, tanto que en la primera parte soltó una patada que era para tarjeta de color naranja, aunque se quedó sólo en amarilla. Así sin hacer tampoco mucho el Leicester se marchó al descanso con la eliminatoria a favor merced a un gol de su capitán Morgan en una falta muy mal defendida por parte del Sevilla y con algo de fortuna para el jamaicano, que terminó anotando con el muslo el centro lateral.
 
Tras el descanso Sampaoli trató de cambiar e dibujo, metió a Jovetic y Mariano e intercambió la posición de Nasri e Iborra, pero el resultado no se pudo ver mucho ya que pronto y tras haber disparado Escudero un obús de 30 metros al larguero, Albrighton anotaba el segundo inglés en otra jugada embarullada tras una rápida contra de los foxes. El Sevilla tras este segundo golpe vió como Nasri tiraba la eliminatoria por el retrete cuando se autoexpulsó al caer en la provocación de Vardy, que exagera la agresión pero que consigue lo que buscaba, hacer perder los papeles al francés que no es la primera vez ya que los pierde.
 
Aún así y con uno menos el Sevilla consiguió encerrar al conjunto inglés y gozó de un penalti, inexistente por cierto sobre Vitolo, para mandar el partido a la prórroga, pero N´Zonzi lo lanzó mal y Schmeichel, bajo la atenta mirada de su padre, lo detuvo. Siguió el acoso sevillista pero a la hora de definir no estuvieron acertados y el Leicester en su primera participación en la Champions de su historia alcanza los cuartos de final, el sueño de la cenicienta sigue vivo y el del Sevilla, que tenía muchas esperanzas en la eliminatoria se desvanece dejando además un sabor amargo.

Cerca del desastre

El Real Madrid vivió ayer en el Estadio de la Cerámica una montaña rusa de emociones que le llevaron a todos los estados de ánimo posibles. Del 2-0 de Bakambu (en posible fuera de juego) al 2-3 de Morata a falta de pocos minutos para la conclusión del partido. Zidane viendo el panorama arriesgó quitando a Casemiro y terminó acertando merced a un Villareal que decidió esperar atrás y encerrarse y renunciar a cualquier tipo de contra.

Las lesiones tampoco ayudaron al equipo amarillo, ya que Asenjo volvió a romperse por cuarta vez el ligamento cruzado, y de Adrián, que se rompió muscularmente con el 2-0 y estaba siendo junto a Samu el mejor del equipo de Fran Escribá. Aún así la reacción del Madrid fue sublime, ya que se vio perdiendo el liderato y sin depender de él mismo en el campeonato, pero supo atacar con convicción y llevarse un resultado impensable tras el gol de Bakambu.

Cierto es que el gol que supuso el empate, viene provocado por un penalti inexistente de Bruno, al que el balón golpea en el pecho sin ningún jugador del Madrid cerca y el árbitro interpretó penalti. Y a parir de ahí las reacciones de los de siempre, como Piqué, que volvió a quejarse de los árbitros en twitter precisamente él y el Barcelona, como si se beneficiaran igual o más que el Madrid de los arbitrajes. Lo cierto es que el Madrid terminó saliendo vivo de un partido que iba camino de dejarles KO.

¿Es justo el odio a Ramos?

Ayer se vivió otro capítulo del inexplicable comportamiento de algunos aficionados contra el que fuera perla de su cantera Sergio Ramos. Ya desde el minuto uno el de Camas soportó las iras y los insultos de una hinchada que no le perdona su marcha del Sevilla, pero que sin embargo a otros jugadores que hicieron los mismo que Ramos aplauden y mantienen como héroes. Y yo me pregunto qué diferencia hay entre lo que hicieron Reyes, Rakitic, Navas, Dani Alves, Baptista y lo que ha hecho Ramos.

Sergio Ramos siempre ha expresado su sentimiento sevillista, a la que considera su casa y a la que siempre que puede vuelve, y en la que estoy seguro le gustaría retirarse algún día. Pero no entiende cómo una afición a la que adora le pita indistintamente cada vez que su equipo acude al Sánchez Pizjuán. Es cierto que en las últimas temporadas la gran mayoría del públivo sevillista no pita ya a Ramos, son sólo los biris los que no perdonan lo que para ellos es una traición, pero que otros estandartes como Reyes (que también jugó en el Madrid recordemos) adoran.

Y ya ayer terminó por explotar esta situación, Ramos tras marcar de penalti (con una panenka de la que poca gente ha hablado pero que fue estratosférica) se señaló su nombre en la camiseta para los biris y acto seguido pidió perdón al resto del estadio. Me pareció la forma perfecta de expresar quién para él tiene su respeto y por tanto sus disculpas por el gol, y quien no. Este domingo viviremos otro capítulo de Ramos en el Pizjuán, a ver si este gesto ha servido para que se abran los ojos contra esta injusticia o para que suban aún más los decibelios contra el central. Pase lo que pase como siempre Ramos no deja indiferente a nadie.

El día del Pizzagate

La temporada 2002-03 será muy recordad por los hinchas del Arsenal ya que ganarían la Premier League sin perder un solo partido. Ese mismo año en su enfrentamiento contra el Manchester United en Old Trafford Ruud Van Nistelrooy desperdició un penalti en el último minuto que hubiera supuesto una derrota del Arsenal (en aquel momento era sólo la quinta jornada) y hubiera roto el récord y no se conocería a aquel equipo como los invencibles de Wenger. Pero un año más tarde y ya con el título bajo el brazo, los gunnners volvían a Old Trafford dispuestos a llevarse la victoria y a engordar así a 50 los partidos invictos del equipo. Pero Ferguson tenía otros planes, y el partido se convirtió en un vendaval de entradas duras e interrupciones del juego constantes que terminaron por desquiciar a los jugadores del norte de Londres.

Un penalti muy dudoso pitado a favor del United a 15 minutos del final y transformado por Van the Man (rearciéndose así del fallo de la temporada anterior) encaminó a la vicotiria a los red devils, victoria que cerraría un jovencísimo Wayne Rooney en el último minuto de partido. Como era previsible y con la tensión de estos duelos, el partido acabó en trifulca, una trifulca que se trasladó hasta dentro del túnel donde aconteció el esperpéntico hecho conocido como el pizzagate. En aquel momento de tensión entre jugadores y técnicos un trozo de pizza voló desde el vestuario del Arsenal y acabó impactando en la cabeza y traje de Sir Alex Ferguson (más tarde se supo que el que lanzó la pizza fue ni más ni menos que Cesc Fábregas) dejando uno de los momentos más surrealistas de la historia de la Premier, y bautizado como la batalla del buffet o el pizzagate.