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Desastre total

Se confirmó el desastre ayer en Croacia de la selección española. En un partido clave para la disputa de la Final Four del primer torneo de Naciones, valí ganar para clasificarse, o incluso empatar siemrpre que Inglaterra no ganara a Croacia en el siguietne partido. Pero salimos del estadio con el rabo entre las piernas tras el gol en la última acción de Jevdaj, que anotó un doblete, todos a la espalda de un Íñigo Martínez desbordado en el día de ayer.

Luis Enrique empezó su andadura muy fuerte, con sonadas victorias en Wembley y en Elche ante Croacia, pero poco a poco el combinado nacional se ha ido desinflando, con situaciones extrañas como la lesión de Íñigo Martínez en la anterior convocatoria, o la lesión de Alcácer que le ha impedido entrar en esta pero que sin embargo le permitió jugar el clásico alemán ante el Bayern, en el que continuó con su racha anotando el gol de la victoria del conjunto borusser.

Ni la vuelta de Jordi Alba funcionó, ni Isco está a su nivel tras la operación de apendicitis que sufrió y las malas sensaciones que tiene al ser el único jugador del Madrid que sin estar lesionado no ha comenzado de titular ningún partido. Luis Enrique es optimista, sabe que está en una etapa de transición, donde los nuevos deben dar un paso al frente que todavía no dan, pero sabe que deben coger experiencia en situaciones límites como la de anoche para fortalecer el carácter y afrontar así un campeonato tan exigente como una Eurocopa o un Mundial.

24 años sin Petrovic

El fatídico 7 de Junio de 1993 Drazen Petrovic nos dejaba tras su accidente de coche en Alemania. Nos dejaba en su mejor momento, asentado ya como la indiscutible estrella de los New Jersey Nets, y en los mejores guarismos de su carrera en la NBA. El genio de Sibenik lo había sido todo en Europa y quería serlo también en el baloncesto americano, mucho más cerrado y escéptico a los jugadores no nacionales que ahora.

Petrovic ya fue un prodigio desde joven, llegó a debutar con 15 años en el equipo de Sibenik natal, el KK Sibenka, para más tarde acabar en el equipo más poderoso de todo Croacia, la Cibona de Zagreb. Allí se convirtió en leyenda tras ganar dos Euroligas consecutivas y ser ya el mejor jugador del mundo no nacido en EEUU junto a Sabonis, con el que tuvo enfrentamientos épicos, como aquella segunda final de Euroliga entre Zibona y Zlaguiris.

Más tarde acabaría fichando por el Madrid para tras pasar sólo un año allí marchar a Portland para enrolarse en los Blazers después de haber dominado Europa tanto a nivel de club como de selección. Allí viviría sus peores momentos debido a su suplencia. Drexler, estrella de aquellos Blazers jugaba en su posición lo que le relegaba a muchos minutos en el banquillo. Y pese a jugar las finales de la NBA al finalizar la campaña pidió el traspaso a los Nets para poder contar con los minutos suficientes para mostrar a todos que podía ser una estrella también en EEUU.

Allí demostró que había hueco para el en la mejor liga del mundo, promedió 20 puntos por partido y no fue seleccionado para el All Star por la reticencia de la época a los extranjeros. Y estando en su mejor momento deportivo un accidente de tráfico privó de poder ver a Petrovic en su máximo esplendor físico, pero su leyenda quedará para siempre y cómo tiranizó durante casi una década el baloncesto europeo y mundial con su Cibona y su Yugoslavia.

Divac-Petrovic amistad rota

Cuando se habla de Divac y de Petrovic se habla de probablemente la mejor generación del baloncesto FIBA de la historia, una selección yugoslava que durante la década de los ochenta era prácticamente intratable y dominaba con solvencia los torneos. Dos de sus jugadores más destacados, quizás los más junto con Kukoc, eran Vlade Divac y Drazen Petrovic. Ambos jugadores pese a jugar en equipos distintos, el pívot en el Partizan y el base en la Zibona de Zagreb, entablaron una gran amistad durante todos estos torneos nacionales, hasta el punto de que eran siempre compañeros de habitación. Su marcha juntos com casi pionesros a la NBA en 1989 a Los Ángeles y Portland respectivamente les unió más si cabe ya que se apoyaban el uno en el otro para pasar los malos moemntos de la adaptación a otro baloncesto y a otra cultura. Se dice que las llamadas entre ellos eran constantes a lo largo de esos años.

Todo era felicidad entre ellos estaban consiguiendo su sueño de triunfar en la NBA (los primeros años de Petrovic por falta de oportunidades y minutos no fueron muy buenos) y se presentaba además el Mundial de baloncesto de Argentina de 1990. Allí llegaba la selección de Yugoslavia como máxima favorita y no defraudó ganando en semifinales a los EEUU y en la final a la Unión Soviética (aunque hay que recordar que para este torneo los jugadores Lituanos habían declinado ir entre los que se encontraban un tal Sabonis). Hasta aquí todo normal, pero tras el pitido final comenzó la celebración, Divac y Petrovic se fundieron en un abrazo sincero y en esos momentos un cámara con la bandera croata se les acercó, Divac se dio cuenta y le quitó la bandera arrojándola al suelo en señal de que era una victoria de toda Yugoslavia, no de Croacia, algo que sentó muy mal en el país y peor a su amigo y compañero Petrovic que tras este incidente no volvió a dirigir la palabra.

Tras la disgregación de Yugoslavia en el 92 y la muerte de Petrovic en el 93 su relación era nula y en el funeral del mago de Sibenik un gigantón Divac echó a llorar sincerándose con unas declaraciones llenas de sentimiento «Lo que más me duele es que no he podido decirle adiós. Llevábamos sin hablarnos mucho tiempo, y lo siguiente que escuché fue que había muerto. Era como si yo me muriese a la vez. Ha sido lo peor que me ha sucedido jamás, y ya nunca podré arreglarlo». Un duro testimonio fruto de una guerra absurda que separó a dos de los mejores jugadores europeos de la historia.

El odio a Kukoc

Del famoso Dream Team de baloncesto se saben muchas anécdotas, historias detrás de los mitos pero una en concreto la reconocieron sus propios integrantes hace poco en una entrevista a la cadena deportiva ESPN, en la que aseguran que tenían una motivación oculta detrás del torneo, en especial los jugadores Bull Jordan y Pippen. Esa motivación tenía nombre y apellidos y era ni más ni menos que el croata Toni Kukoc. El jugador del Benetton y dominador absoluto del baloncesto europeo con tres Final Four ganadas de manera consecutiva era la gran obsesión del manager de los Chicago Bulls, y el hecho de compartir posición con Pippen ponía muy nervioso al alero.
 
Kukoc por su parte no tenía muy claro su salto a la NBA en una época donde a los europeos no se les solían dar demasiadas oportunidades por lo que la reticencia por fichar por los de Illinois tenía mosca también a Jordan. Querían dejar mal al balcánico en el torneo, como toque de atención. Y casualidades de la vida la separación meses antes de la mejor generación de baloncesto FIBA  de la historia con la antigua Yugoslavia, provocó que Kukoc jugase bajo los colores de Croacia y llegase a la final frente a los estadounidenses. La final fue un paseo militar para el Dream Team pero destacó la defensa excesiva y sin descanso que realizaron Jordan y Pippen a Kukoc que no le dejaban ni recibir el balón pese a ir veinte puntos arriba, demostrando el odio que le tenían y a la vez miedo. Kukoc acabó firmando con los Bulls en 1993 y consiguió tres anillos juntos a ellos además del título al mejor sexto hombre de la liga en 1996, pero haberles hecho llegar a ese extremo dice mucho de junto a Sabonys, Petrovic, Nowitzki y Gasol el mejor europeo de la historia.

Casi gatillazo

España ha solventado el partido ante la República Checa sobre la bocina y sufriendo muchísimo. Es cierto que los primeros partidos de los torneos de selecciones suelen ser complicados, pero las sensaciones de España es que está lejos de su mejor nivel. Esto tiene dos lecturas, la buena es que hasta que se coja el mejor nivel va sumando de tres en tres, la mala es que es posible que no se llegue al mejor nivel o si se llega puede ser tarde.

Está claro que no todos los días se va a ganar en el con gol en el último minuto, pero esto tiene que servir para coger confianza, ver que Nolito tiene que asumir junto con Iniesta los galones de esta selección, y que atrás hay que ser pelín más contundentes. Las sensaciones no son del todo malas y de momento las demás selecciones favoritas tampoco están asustando por lo que hay tiempo. La prueba de fuego será la poderosa Croacia que quizás ha hecho de momento el mejor partido de una selección en este torneo y que será un rival durísimo. Queda mucha Eurocopa y ya un partido menos para lo bueno o para lo malo.