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Otro despropósito

La temporada recién acaba de empezar y ya parece que se le está haciendo larga a un Tottenham Hotspur que no levanta cabeza. Tras cinco jornadas de Premier League, y un balance de dos empates y tres derrotas, ya están de nuevo en puestos de descenso. Ni siquiera el susto de la temporada anterior, donde se salvó de un descenso que hubiera sido histórico en la última jornada ha espabilado a un equipo que desde que casi toca el cielo en 2018 con la Final de la Champions, no ha vuelto a levantar cabeza. Ni siquiera la inversión veraniega descomunal (todos ellos prácticamente por 100 millones cada uno de euros) ha valido, ni los millonarios fichajes de Tonalli, Mateus Fernandes, Marmoush, Savinho o incluso el denostado Mudryk en los últimos días de mercado, han servido para variar un rumbo de un equipo que incluso ha contratado a de Zerbi en el banquillo, y que ha batido un récord, negativo en este caso, con casi cinco jornadas sin haber anotado un gol en Premier, hasta los dos goles al Aston Villa de la última jornada, ambos en los últimos minutos.

El equipo no da muestras de mejoría, sus partidos son malos, sin ocasiones, sin fútbol y diría casi que con una apatía preocupante para un equipo que por plantilla, y sin disputar competiciones europeas debería de estar peleando los puesto de Liga de Campeones. Con la salida de Daniel Levy y la llegada de la familia Lewis, la inversión no ha parado, pero el rendimiento del equipo ha sido inversamente proporcional, y pese a estar todavía en Septiembre, empiezan a saltar todas las alarmas de un equipo que el año pasado ya jugó con fuego y este año puede quemarse definitivamente como no cambie ya no el rumbo, sino la dinámica que es más difícil. Haber entrado en el bucle de que todo lo que puede salir mal sale, es muy difícil de cambiar. Ni el imponente Tottenham Stadium es ya inexpugnables, ya que desde noviembre 2024, el Tottenham solo ha ganado como local cinco partidos, unas cifras que arrojan luz sobre la situación de un equipo que se desmorona pese a la inversión mastodóntica realizada.

Vuelta al pasado

La vida vuelve a ser la misma para el Real Madrid en la segunda etapa de José Mourinho al frente del banquillo. Lo de ayer, por muy clara que fuera la roja de Kang In, es una vuelta a la peor versión del técnico portugués, que llevaba ya años denostado de los mejores banquillos europeos, y un intento de tapar los agujeros que siguen vigentes en el equipo pese a la inversión veraniega realizada. No se puede tapar con la acción de la roja no pitada un partido nefasto por parte del Madrid, que viene de tres salidas en Liga con dos derrotas, Betis y Atlético, y una victoria in extremis ante el Elche.

El partido de ayer del equipo, fue una muestra más de lo que todo el mundo ve, tiene excesiva pólvora arriba, nada de creación en el medio pese a tener mucho músculo, y atrás hace aguas se mire por donde se mire. Solo Courtois impide que haya más derrotas, y que las que hay, sean por menos goles de los que se debería. Ya contra el Inter pese a ganar el partido, hubo pitada fuerte visto lo visto en el campo, y ya ayer la crisis toca fondo, ya que el Barcelona se va a seis puntos en siete jornadas ligueras, mucho para tan poco tiempo.

Además ya está creando un ambiente y una narrativa en la que la Liga está en su contra, que se favorece en exceso a Barcelona y Atlético, una narrativa donde el Madrid es víctima de arbitrajes no la compra ni Netflix, y que el narrador principal sea él tiene no tiene nada de veracidad. Lo que si tiene que mirar es que vino para meter mano a una plantilla acomodada, con poco compromiso, y que sigue igual o peor tras su llegada y todos sus fichajes solicitados cumplidos. Las excusas han sido siempre el principal aliado del portugués, y desviar todo hacia todos lados menos hacia él también. Cuando parecía que había una nueva versión de Mou, vuelve a la más casposa y hasta cómica de sí mismo.

Así duele más

Partido trampa el vivido por el Atlético en San Mamés, donde dominó la primera parte con buen juego, ocasiones claras con hasta dos palos y sin sufrir por parte del rival, todo pintaba bien para los colchoneros que venían en buena dinámica tras la exhibición de fútbol en el Pizjuán. Pero al minuto de la reanudación todo se torció, un rechace mal defendido acabó con gol de Nico Williams, y del saque de centro del gol encajaron otro, con lo que la vuelta de vestuarios para los colchoneros empezaba con una losa insalvable de dos goles fruto de la mala concentración con la que entraron.

Esto es un problema recurrente en el Atlético, los momentos de desconexión son muy graves y repetitivos en el club desde hace tiempo, y la seguridad defensiva que siempre hacía gala el equipo con Simeone, hace ya años que no se ve. El último espejismo fue hace dos temporadas con el último Zamora de Oblak, más pro demérito del resto que por mérito colchonero, pero lo que antes era seguro de acabar con la puerta a cero, ahora es una utopía. En cuatro jornadas de liga han encajado seis goles, y con esos números se ha conseguido siete puntos de doce, la mitad prácticamente.

Es cierto que la derrota duele más después de ser superior al rival y tener el partido controlado en una buena primera parte, pero las carencias y fallos evitables que supusieron los dos goles dejan la sensación de vuelta al pasado que tantas decepciones y amarguras trajeron consigo para los colchoneros. Aún así se pudieron ver brotes verdes, el triángulo Kang In-Baena-Barrios puede dar mucho fútbol y alegrías a los Atléticos, y Julián jugó y participó más que en su único encuentro, con lo que la vuelta a la normalidad y que el equipo pueda jugar con un 9 deberá dar un paso adelante y no perdonar las ocasiones en ataque como sucedió, porque luego lo pagas caro.

Otro poltergeist

Aunque la historia parezca la misma de todas las semanas cuando juega fuer de casa, el Atlético cuajó un buen partido (al menos hasta el minuto 65), llegando incluso a dominar ciertos momentos del partido, pero se vuelve a casa con otra derrota más. La tónica es la misma, sea por lo que sea en cada partido fuera de casa, se vuelve sin victoria, y ya son 6 partidos esta campaña de vacío (3 empates y 3 derrotas en el registro). Un bagaje muy pobre para un equipo que debería aspirar a mucho más y que no está cumpliendo las expectativas fuera del Metropolitano.

Las excusas se acumulan, es verdad que el primer gol del Arsenal viene precedido de una falta inexistente, pero siempre pasa algo en los partidos lejos de Madrid que hacen que el equipo se venga abajo y pierda puntos como tónica habitual. Si bien el Arsenal es un equipazo, líder indiscutible de la Premier y con pleno de victorias en Champions, el cómo se desarrolló el partido hace que quede un regusto amargo en la hinchada rojiblanca, que se vio capaz de superarle en muchos tramos del partido, merced a dos ocasiones clarísimas de Julián Álvarez.

Pero lo que si que no es de recibo son los 7 minutos donde los rojiblancos recibieron 3 goles de manera casi consecutiva en una competición con una liguilla donde el golaverage cuenta mucho y que por dejarse ir así en un partido ya les costó la clasificación en el Mundial de Clubes a los rojiblancos. Esa lección no parecen haberla aprendido dejando una imagen muy pobre de equipo vencido y con los brazos caídos que hace que el resultado sea demasiado abultado para los méritos realizados.

Bien es cierto que una derrota por un gol o por cuatro son cero puntos igualmente, y es a lo que tiene que agarrarse el Atlético que este Lunes visita el Benito Villamarín en la prueba definitiva fuera de casa donde ya no caben excusas, no se pueden cometer tropiezos ya que además se juega el Clásico esta jornada y es el momento perfecto de recortar puntos a uno o a los dos contendientes dependiendo del resultado en el Bernabéu.

Pablo y Perea 2.0

La eliminación anoche del Atlético de Madrid en el REALE Arena confirmó para los seguidores atléticos os peores presagios que tenían. Con Felipe y Hermoso ahora mismo no pueden competir ante ningún equipo. La seguridad que durante diez años ha caracterizado al equipo del Simeone está siendo denostada esta temporada por una dupla que por circunstancias de las lesiones han provocado que jueguen más minutos de los que deberían. El segundo gol realista es el culmen al año catastrófico que lleva Felipe a cuestas, un jugador que en su primer año dio un rendimiento excelente, y que lleva dos años siendo una sombra de sí mismo. Hermoso no se salva de la quema, su buena salida de balón no empaña sus salidas a tierra de nadie a lo loco, sus errores infantiles en partidos clave (Liverpool, Oporto…) y una actitud de bandolero y macarra que arrastra partido tras partido, que no empaña que es el central más blando del campeonato.

Cuando llegó Simeone, hace más de diez años ya, el equipo que tenía contaba todavía con Perea en sus filas, un jugador que junto con Pablo Ibáñez constituyeron una de las peores parejas de centrales de la historia del club, sino la más. El hazmerreír constante que fueron partido tras partido, con ovaciones en derbis de aficionados rivales cada vez que entraban al campo certifican el nivel de la pareja. Si ya Simeone supo cambiar esa fama del equipo, de mujer barbuda capaz de hacerse él solo el mayor daño posible, es capaz de hacerlo cuando se llegue a verano. El equipo necesita urgentemente una reestructuración atrás, caras nuevas y una limpia de más de la mitad de la línea defensiva, laterales como Lodi incluidos. El único problema que se le plantea al argentino ahora es que con lo que tiene debe quedar entre los cuatro primeros este año, y eso va a ser una tarea muy difícil si no recupera los efectivos lesionados atrás.

Otro año a la deriva

El Arsenal se enfrentaba a un partido complicado en casa ayer. Era el derbi, ante el campeón de Europa, con el debut del fichaje estrella de la Premier hasta el momento y todo salió mal. A los quince minutos ya Lukaku había puesto por delante a los de Tüchel tras un error defensivo garrafal de la zaga gunner, el talón de aquiles del equipo desde hace años.

Pero lejos de espabilar, se vieron todas las carencias del equipo, un equipo sin fuerza ni ganas, es verdad que jugaron sin un 9 debido a las bajas pro Covid, pero aún así, crearon poco peligro y fueron un juguete a manos de un Chelsea que cuando quiso apretar se llevó el partido sin dificultades.

Arteta ha vuelto ha gastar un fortunón en fichajes y y aparecen un fracaso en la segunda jornada del equipo, con dos derrotas consecutivas y con la visita al Etihad en la próxima jornada que parece que puede provocar un cataclismo a un equipo que este año no juega competición europea, lo que hace que el año sea más duro y largo para sus aficionados.

No 9 no party

El fútbol se inventó hace demasiado tiempo con posiciones y estilos que han ido cambiando tácticamente, pero no la esencia. Es difícil pretender ganar sin un jugador que marque goles. Guardiola está obsesionado en jugar al fútbol sin delantero, y ya después de 5 cinco años de fracasos en Manchester y tres en Múnich, debería entender que en los partidos complicados, en los que el rival se cierra bien, no tener a alguien que de verdad genere peligro, que pueda rematar balones en el área, que sea capaz de marcar gol, que al final es la esencia de este deporte, se acaba pagando. Y de nuevo este sábado en Oporto en la final lo volvió a pagar. El Chelsea volvió a ganarle por tercera vez desde que llegó Tüchel en navidades, dejando claro que Guardiola no es capaz de ganar a equipos fuertes sin un delantero, por mucho que insista en que De Bruyne, Sterling o Foden puedan jugar ahí.

Todos coincidimos en el error de planteamiento del catalán, que no reaccionó con los cambios, y que en prácticamente ningún momento puso en aprietos al Chelsea. No es la primera vez que este planteamiento le sale caro. El año pasado fue eliminado en Lisboa en cuartos de final a manos del Lyon, cuando había eliminado al Madrid previamente jugando con un 9 como Gabriel Jesús, que marcó a la ida y a la vuelta. Pero insiste en una fórmula que está demostrada que no sirve, y aunque en un futuro un año consiga ganar así la Champions, debería preguntarse si mereció la pena haber perdido tantos partidos y eliminatorias por esa cabezonería. Se puede ser un entrenador influyente, con cambios tácticos sin descompensar el equipo, y ese ejemplo lo tenía en frente con Tüchel, que le ha ganado la partida de manera clara.

Derrota crítica

Crítica derrota la del Atlético este domingo que deja al equipo muy tocado y con la posibilidad de perder el liderato a manos del Barcelona este mismo jueves. Un mal inicio del Atlético, que incomprensiblemente no salió a por el partido, sabedor del tropiezo del Madrid y de que el Barcelona, ganando su partido entre semana le podía igualar o pasar en caso de no ganar. Es inadmisible la actitud del equipo, e incluso la reacción del entrenador, donde en otros partidos ajustó con cambios antes del descanso, o incluso en el mismo descanso, sabiendo que el equipo no estaba funcionando y tiró toda la primera mitad.

Aún así, consiguió el empate a diez minutos del final y cometió el inexcusable error de bajar revoluciones al partido, en vez de aprovechar la inercia del gol y la euforia para buscar una victoria trascendental en el campeonato. Pero lejos de eso, dio la sensación del que el gol sentó mejor a los locales, que volvieron a dominar el partido y marcaron en un córner tras un despiste total de la defensa colchonera. Así es muy difícil conquistar campeonatos, pero la única noticia buena para los de Simeone es que siguen dependiendo de ellos mismos.

También ahora deben acudir con la urgencia de ganar en el Camp Nou al Barcelona, algo que parece complicado y más cuando llevan quince años sin hacerlo en feudo barcelonista. Peor el Atlético rinde mejor cuando tiene que ir a por el partido que no cuando especula con el resultado, algo que le pesó sobremanera en San Mamés. La diferencia enorme que tenía sobre el Barcelona se ha dilapidado, pero quedan cinco jornadas para la redención de una liga que han tenido muy cerca y parece que la han dejado escapar por realizar una segunda vuelta en la que han repetido todos los errores de la temporada pasada.

La cara B de Klopp

Jürgen Klopp se ha convertido en esta década en el entrenador de moda en Europa. Un triunfador con un fútbol frenético capaz de devolver la grandeza a equipos «dormidos» como Dortmund o Liverpool cuando los cogió. Era simpáticos, sus declaraciones eran afables y siempre traía una sonrisa contagiosa. Su buena energía se transmitía y todos los clubes lo querían en su banquillo.

Pero tras proclamarse campeón de Europa con el equipo red, tanto su actitud como sus declaraciones han cambiado drásticamente. Ya no es un entrenador comprensivo, divertido, afable. Es todo lo contrario. Ahora sólo sabe criticar, quejarse públicamente y poner todo tipo de excusas cuando las osas le van mal como este año y el anterior, especialmente tras la derrota en Champions ante el Atlético, que a tenor por declaraciones recientes sigue sin digerir.

Anoche antes del partido fue turno para el estadio donde jugaba, Valdebebas, la ciudad deportiva del Real Madrid, ya que el Bernabéu continúa de obras y al ser partidos sin público se disputan donde entrena el conjunto blanco. Una queja absurda que no tiene sentido y que da a entender el nivel de nerviosismo que vive el alemán ahora que su Liverpool puede quedar fuera de la Champions League el año que viene.

Y esta versión agria de Klopp no había sido vista hasta ahora, se está acercando al nivel de José Mourinho en sus peores etapas, siempre con excusas, quejas constantes y con un nivel de irritabilidad muy alto. Espero que esto sea tan solo una etapa y un bache en su carrera, ya que hasta este cambio era firme admirador de un entrenador que ha cambiado el fútbol moderno y que se ha sacado de la manga una infinidad de buenos jugadores.

Ataque de entrenador

Julen Lopetegui pecó de ataque de entrenador en la confección del partido de anoche. Nada más ver el once que disponía se intuyó que no eligió al once correcto, una sola mirada al banquillo con los nombres de Navas, Rakitic o Papu, ya daba muestras de que había rotado más de la cuenta, y obviamente acabó pagándolo caro luego. La primera parte no supo por dónde le venía el vendaval azulgrana, se adelantó a los cinco minutos y tuvo infinidad de ocasiones en la primera parte donde la palabra asedio se quedó corto para lo que vivió el conjunto hispalense. Lo mejor al descanso para ellos fue el resultado porque la sensación de remontada era más que evidente.

Ya en la segunda parte tras los minutos iniciales y con las entradas de Rakitic y Navas los de Lopetegui tuvieron más control del partido e incluso dispusieron de la oportunidad de cerrar la eliminatoria en el minuto setenta, pero Ocampos marró el penalti que él mismo había provocado. Esto detonó el espíritu del Sevilla que estaba teniendo sus mejores minutos y espoleó de nuevo al Barcelona que ayudado por los cambios que realizó Koeman remontó un partido que hace unas semanas parecía imposible por las sensaciones de ambos equipos.

Tras el pitido final y consumada la eliminación, el Sevilla cerró así el peor momento de su temporada, tras la dura derrota ante el Dortmund en el Pizjuán, y la doble derrota en cinco días ante el Barcelona que deja muy tocado las ilusiones de este segundo proyecto de Lopetegui. Quizás con los titulares desde el principio, los jugadores experimentados están para estos momentos, no se hubiera sentido tan cómodo en la primera parte el Barcelona y sobre todo no hubiese tenido tanta posesión y en territorio sevillista. Pero eso sólo son especulaciones ya.