España se alzó con su segunda estrella tras una final durísima por la intensidad y fuerza con la que se aplicaron los argentinos, y en la que hasta la segunda parte de la prórroga ni habían tenido ocasión ni disparo ante su rival. Un partido por momentos casi violento, en el que se olvidaron de jugar y que acabaron con uno menos pero bien pudieron ser hasta tres los jugadores expulsados. El planteamiento de la albiceleste fue rácano, sin ideas y con la clara intención de trabar juego y que no ocurriera nada durante el partido. No aprendieron la lección que les pasó contra Inglaterra, donde estuvieron casi eliminados hasta que se decidieron a jugar un poco y remontaron agónicamente.
Lo peor además no fue sólo ese planteamiento pobre, sino la actitud de todos los jugadores salvo su capitán Messi. Todos fueron a hacer faltas y contactos con y sin balón en disputa, amén de fingir una agresión cada vez que alguien se les acercaba. La imagen que habían dejado tras la conquista merecida del mundial en Qatar ha quedado sepultada por esta versión macarra y barriobajera de un equipo que se vio superado en todo momento por una selección española que fue inmensamente mejor durante todo el partido y que en ningún momento entró en la provocación rival pese a todos los intentos y artimañas empleadas.
El árbitro esloveno por su parte permitió más de lo debido aunque es comprensible que no quisiera bajar mucho el listón en una final del mundo. Lo que nadie esperaba es el pobrísimo planteamiento de los de Scaloni, que pese a todo y ayudados en momentos puntuales (el gol anulado a Ferrán con 0-0 es para hacérselo mirar), casi aguantan hasta los fatídicos penaltis en un partido que las estadísticas retrataron a la albiceleste, dejando un bagaje sonrojante y vergonzoso. Y pese a ponerse abajo y con uno menos, cuando se decidieron a jugar y le dieron a Messi balones, tuvieron un par de ocasiones claras ara empatar. Por eso no se entiendo que no intentaran jugar o hacer daño con balón al equipo español cuando tenían a un jugador tan diferencial como Messi sobre el campo. Al final ganó el fútbol, el mal perder argentino quedó evidenciado ante todo el mundo y la segunda estrella se bordó en la camiseta roja de España en una final que será recordada por el pobre espectáculo argentino.